Un lugar llamado David Delfín

12/06/2017
Esta semana pasada las muertes de Juan Goytisolo y David Delfín nos sorprendían. El fallecimiento de David me era más doloroso por cercanía y por ser aún joven, estaba en el ecuador de su vida con sus cuarenta y seis años, y con mucha carrera por delante. No pude asistir a su funeral y acompañarle en ese último adiós. Sirvan estas palabras para ofrecerle mis respetos y mi particular despedida y reconocimiento a alguien tan grande en el mundo de la moda que salió de esta ciudad, hace ya unos pocos de años, buscando un futuro acorde a sus capacidades. 

Tuve la suerte de conocerle en el instituto. Fuimos compañeros de clase en el IES Sierra Blanca y no tardamos mucho en conectar. Y aunque solo fuimos buenos compañeros y compartí con él horas de clase, estudio y trabajos en casa durante un breve periodo de tiempo, me fue suficiente para darme cuenta de su talento.

Ya entonces garabateaba dibujos de forma incesante que dejaban intuir su maestría en el diseño y la moda. Tuvimos amigos comunes, como Gema Lora, pero la vida nos llevó a cada uno por caminos diferentes. No volvimos a hablar nunca más. Tiempo después, cuando supe de él, era ya un modista consagrado, noticia que me alegró mucho. Me complacen bastante los éxitos ajenos, más aún cuando son fruto del genio y del esfuerzo. Y él tenía ambos.

Da la casualidad que esta semana terminé de ver la serie «Por trece razones», otra magnífica producción de Netflix que recomiendo a padres, profesores y adolescentes maduros, basada en el best seller homónimo del novelista Jay Asher que, ambientada en un instituto norteamericano, nos cuenta una dura historia de bullying y lo complicada que puede ser esa etapa de la vida -la adolescencia- cuando la identidad se va formando pero se pueden vislumbrar los primeros atisbos de cinismo, hipocresía, perversión, bondad o grandeza, que también la hay.

Y pensarán quienes lean estas líneas en la relación entre esta serie y David Delfín. Puede que no mucha en un principio pero cuando la terminé de ver no pude evitar pensar en lo sucedido a David e imaginar a alguien como él en un pueblo como este, donde todos nos conocíamos, y en cómo tuvo que afrontar su homosexualidad en una época que no debía ser nada fácil.

Recuerdo todavía con algo de rabia como algunos de los que eran amigos por entonces me espetaran que David y yo fuéramos compañeros y trabajásemos juntos, mi indiferencia servía de respuesta. Me ha importado poco lo que digan los demás y me he relacionado desde pequeño con personas que me enriquecieran, sin tener en cuenta su género, una razón que me ha aportado buenos amigos y amigas y me imagino que algunas críticas.

Me molestaba, me sigue pasando, que la gente se burlara de los demás por su aspecto, por motivos de género, por no ser ni comportarse como ellos y en ese tema he sido poco tolerante. Yo no fui un modelo de estudiante ni de persona, creo. Es más, fui algo gamberro y desde esta ‘Ventana a la utopía’ aprovecho para mandar mis disculpas a mis profesores por su infinitita paciencia y también a aquellos compañeros que les pude molestar desde mi inconsciencia, mil perdones.

Una de las razones para que se produzca el bullying: no ser conscientes o que con nuestro silencio podamos estar más cerca de los agresores que de las víctimas, como mudos cómplices. En la serie «Por trece razones» se refleja muy bien ese aspecto que nos pone de manifiesto si hicimos lo suficiente en un caso de acoso escolar como padres, profesores o compañeros.

Recuerdo la actitud de David Delfín en el instituto: discreto y prudente detrás de un muro construido desde su inteligencia —y por pura supervivencia— que lo resguardara de todos aquellos que pudieran causarle daño. Esa es mi visión y nunca, por desgracia, podré ya contrastarla con él.

Está claro que entonces Marbella no era un sitio para él ni para su talento. Solo en una ciudad grande y con oportunidades como Madrid, podía ser el lugar donde cumplir sus sueños de ser un gran creador en el mundo de la moda. De hecho, lo hizo.

Nuestro modista más internacional se nos fue y desde aquí algunas voces están exigiendo para él una calle con su nombre. Me sumo a la iniciativa pero me gustaría ir más allá. Me atrevería a asegurar que él hubiera soñado que la ciudad que le vio crecer apoyara el talento creativo de forma incondicional, que hay mucho.

Una ciudad donde no se fugue el talento porque es capaz de ofrecerles oportunidades formativas y laborales. Si Marbella tiene algo es potencial. Yo me inclinaría por eso, porque Marbella fuera una referencia del talento creativo ¿qué tal crear un espacio de coworking para creadores con su nombre? Se lo merece, nos lo merecemos.
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