Zaldiko Maldiko Irratia

18/09/2019
Cuando pasaba el tren debíamos callarnos porque el traqueteo de la vía férrea se colaba de manera estruendosa por los micrófonos y a aquellos púberes aprendices de periodista no se nos escuchaba.

Era una casa en estado casi de ruina. Había que entrar al portal, abrir el buzón, recoger allí la llave de la buhardilla situada en el último piso. Goteras, hueveras y colchones en las paredes para hacer de aislante, un tocadiscos, un reproductor de casetes, tres o cuatro micrófonos escuálidos y poco más. El resto, lo poníamos nosotros, que por aquel entonces, año 1992, 18 años, primero de Periodismo, era casi todo pretencioso y con tintes grandilocuentes. Íbamos a renovar la forma de hacer radio desde aquella casa ruinosa de aquel barrio fabril que era Zorroza de aquel Bilbao que renacía sobre las cenizas de la desindustrialización y a la sombra de un Guggenheim aún en pañales.

No recuerdo si el nombre de aquel programa de dos horas que hacíamos los lunes era El Desván o El Trastero o similar. Un lugar común, en todo caso, en el que poníamos la música que nos gustaba y que tenía como sintonía “Serenade From The Stars” de Steve Miller Band. También comentábamos alguna noticia, leíamos artículos de opinión que nosotros mismos escribíamos, debatíamos sobre lo divino, lo humano y más allá y entrevistábamos a algún invitado o invitada.

Zaldiko Maldiko Irratia, Radio Tio Vivo, era el nombre de la emisora, una de aquellas frecuencias piratas que proliferaron en Bizkaia en los ochenta a falta de una regulación y que supuso el primer contacto que muchos periodistas en ciernes tuvimos con los medios, con la comunicación, con la profesión, con una parte de nuestra vida que ya nunca iba a abandonarnos.

Nos fogueamos en Zaldiko Maldiko Irratia, en Bidebieta Irratia en Muskiz Irratia, en Radio 90 Barakaldo, el Leioa Irratia, la radio de la Facultad. En todas las emisoras que nos dejaban un espacio, allí acudíamos con diferentes formatos bajo el brazo, magazines, informativos, culturales, musicales. Queríamos contar nuestra shistorias, nuestras vidas, nuestras inquietudes. Y nos daba lo mismo si era a las siete de la mañana o a las once de la noche.

Pero de entre todas ellas, guardo un espacio especial para el recuerdo a aquella primera que nos desvirgó al mundo de la comunicación como un amor de verano, aquella Zaldiko Maldiko Irratia que tenía un solo oyente, mi aitite Daniel, que, puntualmente, cada lunes, cogía el autobús desde Barakaldo hasta Zorroza, se sentaba en una cafetería del barrio bilbaíno, sacaba su transistor a pilas y allí se pasaba aquella hora y media, dos horas, escuchando la voz de su nieto y sus compañeros de viaje, mientras degustaba un café con leche. Me lo confesó un tiempo después de comenzar aquella aventura en aquella casa en ruinas, cuando un día, desde la atalaya de sus profundos ojos azules me hizo un comentario al socaire, como el que no quiere la cosa, sobre una de las entrevistas que habíamos hecho en aquel programa que se llamaba El Trastero o El Desván, no recuerdo, y que tenía como sintonía “Serenade From The Stars” de Steve Miller Band.
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