Por caridad

14/03/2018
La caridad como herramienta política, como forma de pensamiento, como doctrina moral. El pan para hoy y el hambre para mañana adolece de una absoluta falta de voluntad para solucionar el problema. La caridad oculta y esconde, camufla y maquilla, pero no ataja. 

El Partido Popular en su concepción como partido político, en su ideario conservador y en sus acciones de gobierno ha apostado, apuesta y apostará por la caridad. Y lo hará porque dentro de su orden moral no cabe la posibilidad de otra fórmula asistencial, porque la pobreza es un mal que erradicar y no un problema estructural que solucionar. Marbella no es ajena.  

Eliminar con nocturnidad y alevosía el banco donde vivía un sintecho no es una mala acción, es un acto reflejo de una manera de pensar; culpar a la Junta de Andalucía porque no se puede asistir por más tiempo a los sintecho en el Albergue África es eximir responsabilidades y no asumir la decisión de las soluciones; permitir que un comedor social funcionara sin justificar sus facturas es un intento de invisibilizar las necesidades reales de un colectivo muy vulnerable y heterogéneo; criticar la apertura de un Centro de Atención inmediata en la oposición y asumirlo como propio en el gobierno no es una cuestión de deslealtad, es aceptar la inexistencia de una estrategia propia hacia la ciudadanía más vulnerable.

Las acciones transformadoras son complejas, la búsqueda de una solución integral es alambicada, el problema del sinhogarismo es poliédrico, y las herramientas para intentar atajarlo de difícil implantación. Los tratamientos asistenciales deben ser puntuales, tienen su razón de ser si tras ellos hay una estructura que permita un camino hacia la integración, si no, serán caridad y la caridad es una doctrina moral.

Para afrontar el problema del sinhogarismo conviene dejar la soberbia en casa, descender a terreno mortal y contemplar de cerca una realidad que escapa de las redes asistenciales para formar parte de la estructura más vulnerable de la sociedad. Y aquí es donde interviene la política y donde la ideología sustenta la toma de decisiones. Damos de comer al pobre o removemos la estructura social y ponemos en marcha otro tipo de medidas que ayuden a afrontar de cara el problema.

Si la solución al sinhoragismo fuera llevar una olla de puchero a un centro de atención, el problema estaría resuelto históricamente con la sola buena voluntad de la ciudadanía, pero no, la caridad no resuelve, la caridad vuelve endémicas las situaciones complejas de los colectivos más vulnerables.

El Partido Popular podrá culpar una y mil veces a la Junta de Andalucía o soltar perros de presa contra otras corporaciones, pero el asistencialismo nunca ha solucionado nada, e intentar borrar a los pobres de las calles, menos.


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