Planes, urbanismo y futuro

15/05/2019
Qué oportunidad tenemos el próximo día 26, la posibilidad de escoger la Marbella que queremos ser, de marcar durante 4 años la estrategia del que será el futuro de la ciudad. Y más allá de un deseo democrático, esta afirmación es más veraz y pegada al suelo que nunca, porque en la próxima legislatura se definirá y desarrollará el nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), ese mapa que limita los usos que le daremos al suelo de nuestro término municipal y que configurará la ciudad del futuro. 

El PGOU define las necesidades y marca las prioridades, genera áreas de influencia y categoriza las zonas más y menos prósperas, reserva espacios para un determinado uso y protege sectores de interés.

El Plan General es el reverso de la ciudad, ese plano cenital en el que observamos las prioridades de sus redactores y que marca el desarrollo futuro, como si fuera el mapa de un juego de mesa que se colorea aquí y allá.

Huelga decir la trascendencia económica de los colores que señalen estas o aquellas zonas y el interés predatorio que se cierne sobre un modelo de plan u otro. El PGOU traza las líneas del desarrollo de una ciudad con todo lo que ello conlleva. La calificación y recalificación de determinados terrenos pueden suponer el envés o el revés de la riqueza de unos pocos o del bien común de una mayoría. No siempre se sitúa el desarrollismo de una ciudad sobre esa dicotomía, pero es cierto que el plan prioriza y es ahí donde entran en juego las diferentes visiones y modelos de ciudad.

¿Destinamos más espacios a parques y jardines, zonas deportivas o menos? ¿Dónde situamos el nuevo equipamiento educativo? ¿Esta área es urbanizable o no lo es?

El PGOU define y desarrolla estas cuestiones y transforma el papel en oportunidad. En la oportunidad de transformar Marbella, preñada de despropósitos urbanísticos, carente de las más elementales infraestructuras y cercenada por un urbanismo caníbal que ha especulado con la vida y el futuro de la ciudad durante décadas. Porque la posibilidad de transformar Marbella es posible en la próxima legislatura.

El PGOU está aún por redactar, esas zonas de influencia aún por colorear y será tarea de todos y de todas el próximo 26 de mayo, con nuestro voto, decidir quién queremos que pilote el futuro de la ciudad, el futuro de verdad, ese que va a quedar por siempre en los papeles y que permitirá crear un ciudad a la altura de sus vecinos y vecinas, amable y sostenible, o una urbe deshumanizada y desestructurada que sirva al interés único de la especulación.

Yo lo tengo claro.
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