Bibliotecas

24/10/2018
Cobijo de ratones, refugio de misterios, puerta mágica. Y podríamos seguir, porque si alguna cualidad tienen las bibliotecas es la de ofrecer un universo a la medida, un espacio en el que todas las paletas de color están incluidas, todos los secretos desvelados, las historias más grandes contadas y las historias mínimas universalizadas, donde saciar la sed bibliófila que nos ha asaltado a algunos desde tierna edad. 

En los últimos tiempos, el espacio de las bibliotecas ha cambiado, mutado hacia un espacio de trabajo más flexible, menos silencioso, más abierto, de mayor contacto, surtido de nuevas tecnologías, con imprescindible wifi, etc. Pero sin perder esa esencia de sanctasantorum donde la figura del bibliotecario, de la bibliotecaria, continúa asemejándose a un Cancerbero que guardara las puertas a la literatura universal, pero con título de documentación y biblioteconomía.

Recuerdo la devoción y reverencia con la que entraba en las bibliotecas cuando era niño, más aún, cuando en la adolescencia y la juventud se transformaron en herramienta de trabajo más allá del placer, cómo me deleitaba pasando la mano, la yema de los dedos, sobre los lomos, leyendo con voracidad los títulos de las obras, los nombres de los autores y de las autoras. Y el olor, el olor de la biblioteca Central de Barakaldo, el de la facultad de Periodismo en la UPV.

Por no hablar del crepitar de ozono que se producía cuando la chica o el chico que te gustaba compartía espacio, oxígeno, vida, apenas a dos palmos de tu codo en las épocas duras de estudio para los exámenes, tan efímera vida en común como imposible más allá de tres o cuatro miradas ingenuas.

Con el paso del tiempo he contribuido con donaciones puntuales a engrosar los títulos de algunas bibliotecas, he tenido el placer, honor, de presentar mis poemarios en ellas, ver mi nombre en sus estanterías como antes veía el de otros, sugerir nombres, crear alguna lista de imprescindibles.

Bibliotecas grandes y pequeñas, hermosas y antiguas, modernas y funcionales, espacios de comunión literaria. Las bibliotecas y sus habitantes silentes, trufados de historias. Mil y una.

Pero más allá de lo poético de este escrito o más allá de ser un depósito, garante, de libros, y de literatura, las bibliotecas son un reflejo de la sociedad en la que se asientan, un espejo de la importancia que las administraciones que las surten le dan a eta herramienta de la cultura de acceso universal gratuito. Y hoy en el Día Mundial de la Biblioteca puede ser un buen momento para preguntarse… ¿Tiene una ciudad de 150.000 habitantes como Marbella la red de bibliotecas que se merece? Piénsenlo y contesten.
 
Fernando Moreno
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