PP-OSP: gobierno a golpe de externalizaciones

13/01/2018
La moción de censura, urdida a traición por OSP contra sus socios de gobierno, ha supuesto cambios importantes en la política local. Con el retorno del PP han vuelto viejas prácticas, contra las que lucharon durante años los sampedreñistas, que ahora sostienen en la alcaldía a Ángeles Muñoz. Una de las variaciones más significativa es, en un Ayuntamiento con 3.500 trabajadores, la apuesta decidida por las externalizaciones o privatizaciones de servicios, como se prefiera llamar si queremos utilizar ambas palabras como sinómimos, aunque no significan lo mismo. 

Pero no nos confundamos, no es solo marca del PP. En OSP siempre han sido partidarios de externalizar servicios como solución a su evidente incapacidad para gestionar lo público.

No pudieron hacerlo en la medida que les hubiera gustado mientras formaron parte del tripartito ya que sus socios, y también Podemos, echaron el freno en esta materia y se optó por la bolsas de trabajo, pero ahora los sampedreñistas han encontrado la horma de su zapato en el PP, al que tanto criticaron, pero junto al que se han desbocado. 

Es cierto que durante los dos años anteriores se contrataron servicios fuera del Ayuntamiento, como por ejemplo el Plan de Conservación de Distritos, que está salvando la cara ahora en materia de limpieza. Pero fue la excepción, no la norma como está ocurriendo ahora. 

Porque PP y OSP gobiernan a golpe de externalizaciones, que no son más que la fórmula de los que no saben cubrir los servicios de un municipio como Marbella, pese a que su Ayuntamiento cuenta con 3.500 empleados, una cifra muy alta.

Ante esa ineficacia, toman la solución fácil, pero muy costosa, aunque disparan con pólvora del rey, con el dinero de todos los ciudadanos y, sin duda, van a hipotecar el futuro del municipio. 

Su apuesta es contratar empresas para que hagan lo que supuestamente no son capaces los trabajadores públicos. Es decir, que los ciudadanos votamos a nuestros políticos para que gestionen el Ayuntamiento, pero finalmente terminan haciéndolo toda una serie de empresas, sometiendo a su rentabilidad los servicios públicos. 

Y, todo ello, mientras hay que seguir pagando igualmente a los trabajadores municipales. Porque se habla de privatizaciones de forma genérica, pero realmente no lo son. Privatizar un servicio implica que pasa a ser gestionado por una empresa y desaparece como público. A veces se subroga a los trabajadores municipales por parte de la concesionaria. 

En Marbella, el asunto es aún más doloso para las arcas públicas, porque se trata de externalizaciones que, al menos así lo asegura el equipo de gobierno, van a mantener a los trabajadores públicos y a complementar su trabajo. 

Es decir, para que nos entendamos, que a los 141 millones, dos más que el año anterior, que nos costará en 2018 a todos los vecinos de Marbella pagar a los empleados del Ayuntamiento, hay que sumar otra importante cantidad, aún por definir, en trabajadores de empresas privadas. 

El despilfarro es evidente, amparado en no cumplir la regla del techo de gasto que impone el Gobierno de Rajoy, que después supondrá hacer un plan de ajuste, aunque eso ya será en 2020. 

Mientras tanto, PP y OSP van a tirar la casa por la ventana. De la austeridad evidente que hubo en época del tripartito, se ha pasado al derroche para garantizar las medidas populistas de estos dos partidos, que tienen por delante poco más de un año para las elecciones. 

Poco a poco se va a ir poniendo en marcha la contratación de empresas por periodos de tiempo importantes. En el caso del alumbrado público, de 25 años, y en el de los parques y jardines, de seis años, por citar dos ejemplos. 

Por tanto, aquellos que van a estar menos de dos años en el gobierno, van a hipotecar la gestión del Ayuntamiento para la corporación que salga de las urnas en 2019, que tendrá que asumir todo esto durante muchos más años. Pero es evidente que les da igual. Llegarán tiempos peores, pero de momento "carpe diem". 

El PP tiene que intentar recuperar credibilidad tras pasar dos años en la oposición, mientras que OSP, tras su traición, es un partido que ha quedado retratado ante el electorado, que no es fiable, y que solo a base de millones y populismo quiere intentar recuperarse. 

Pero, como muchas veces pasa en el fútbol, a golpe de talonario no se ganan los partidos, sobre todo porque los cheques van a salir del dinero de todos los vecinos. 
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