Nueve meses por delante para el parto en las urnas

09/09/2018
Tras un verano cargado de tensión política, en el que no ha habido descanso, sobre todo por las ganas del equipo de gobierno de colar, aprovechando el calor y las vacaciones, algunos asuntos como el cambio de lindes, ahora llega septiembre y con este mes el inicio del curso político, que no será uno cualquiera, sino el que nos llevará hasta las próximas elecciones municipales en mayo de 2019. Comienza la batalla. 

Por delante nueve meses hasta el parto en las urnas, cuando los ciudadanos decidirán quién gobierna Marbella durante los cuatro años siguientes, o ya veremos si son menos, como ha ocurrido en el actual mandato. 

La campaña electoral se presenta, por tanto, bastante larga. Atrás quedó aquello de dejarlo para los últimos quince días. En el horizonte no se vislumbra una mayoría absoluta, menos aún con la entrada en escena de Ciudadanos (Cs), por lo que los pactos volverán a ser necesarios. 

Desde ahora mismo viviremos una carrera alocada, ya que hay mucho en juego, especialmente para Ángeles Muñoz, que tiene ante sí la posibilidad de hacer un nuevo Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU), y ya sabemos la tendencia que tiene a mover las lindes entre Marbella y Benahavís en los terrenos donde está su mansión. 

Sería la peor noticia para el municipio que de nuevo ella estuviera a frente de la redacción del nuevo documento urbanístico, entre otras cosas porque el que hizo en 2009 lo anuló el Tribunal Supremo en 2015. No parece la más capacitada para repetir en esa tarea. 

Pero no todo empieza ahora porque ya venimos de un verano especialmente tenso en la política local, en el que el equipo de gobierno ha aprovechado para colar asuntos como el cambio de lindes en el PGOU actualmente vigente, el de 1986, o una desproporcionada y obscena subida de sueldos a algunos de sus directores generales, entre ellos a la inútil Gema Midón.

Y es que son dos modelos muy bien diferenciados los que han gobernado Marbella este mandato y entre los que tendrán que elegir los ciudadanos en las urnas.

El actual, es evidente, centrado en los intereses de Ángeles Muñoz, en dar contratos a empresas privadas y en subirse los sueldos. Han hecho del despilfarro su bandera, precisamente frente a la austeridad que reinó en el tripartito. 

PP y OSP se han afanado estos últimos días por vender su gestión de un año. Contar que ellos lo hacen todo bien es, evidentemente, un insulto a la inteligencia de los ciudadanos. Ni ahora está todo perfecto, ni antes todo era un desastre. 

Con el cambio de gobierno está claro que a quien le va mucho mejor es a la alcaldesa, pero también a sus socios de gobierno, Piña y Osorio. Cómo han cambiado ambos personajes, quién los ha visto y quién los ve.

Han sido capaces, ahí es nada, de gobernar con la que era, ya no solo su rival política, sino su archienemiga. Es como si Sherlock Holmes se hubiese aliado con Moriarty, o Batman con Jocker, o si Superman se hubiera hecho colega de Lex Luthor. Si eso ocurriera, está claro que nadie podría confiar en sus superhéroes. 

OSP llegará a las próximas elecciones como un partido desacreditado. Con un Piña que se ha convertido en un cacique político que no escucha y con un Osorio que se ha quitado la careta, que era ya de por sí bastante transparente, y está feliz por gobernar junto a Ángeles Muñoz. Es uno más del PP. 

Por más que insistan, es complicado justificar la moción de censura que hicieron hace un año contra un gobierno al que habían calificado con un notable y contra un pacto que su órgano consultivo había decidido renovar hasta final del mandato.

Sigo pensando que el giro inesperado que dieron en diez días, además a traición, sin dar la cara antes sus socios, tiene como figura clave a Rafael Piña y no a Manuel Osorio. Este último lo tenía claro, pero quizá algún día sepamos por qué su compañero cambió de idea. 

Hace unos días, el teniente de alcalde hablaba de la actual estabilidad del gobierno, pero olvida Piña que el mayor elemento de desestabilización que existió en el tripartito fue precisamente OSP. Primero, por la espada de Damocles que colocó en forma de revisión del pacto a los dos años, y luego por sus constantes exigencias, que hacían temblar a sus socios. 

El PP, por su parte, afronta estos nueve meses con mejor salud, después de que los doctores Piña y Osorio lo sacaran de la UVI en la que había entrado tras perder el gobierno en 2015. Ha recuperado fortaleza y busca reverdecer su red clientelar, pero no es, ni mucho menos, el mismo partido de 2007 o 2011. 

Gobierna con independentistas, los de San Pedro, esos a las que demoniza a nivel nacional cuando son catalanes, y además tendrá que hacer frente a la irrupción de Ciudadanos, partido que logró en el municipio excelentes resultados en pasadas elecciones autonómicas y generales.

La formación naranja tiene que elegir candidato, algo que parece no ocurrirá hasta primeros de año, lo que puede ser un problema porque el PP está ya haciendo trabajo de fondo. 

Por lo que respecta a la izquierda, IU y Podemos deberán ponerse de acuerdo para confluir y poner en marcha una alianza que chirría a nivel local y que seguramente va a generar desencuentros. De la capacidad que tengan de disimularlos puede depender su futuro. 

Y, por último, el PSOE, partido que ahora gobierna en España y, muy probablemente, lo seguirá haciendo en Andalucía. Cuenta con la experiencia de sus dos años en la alcaldía y la posibilidad de mostrar a los ciudadanos su gestión, que fue compartida con otros tres partidos.

Tras las elecciones, habrá que hacer pactos y ahí, estoy convencido, van a tener mucho peso los asuntos judiciales de Ángeles Muñoz. La justicia es lenta, muy lenta, pero llega. 

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