Los perros de Aznar

02/04/2013
Ha sido el tema estrella de la pasada Semana Santa. Basta con echar un vistazo en "Google" para comprobar que el paseo que se dio José María Aznar con sus perros sueltos por la playa de Guadalmina ha tenido repercusión en toda la prensa nacional y las fotografías tomadas por la agencia G3Online han dado la vuelta a España. El morbo de la noticia, con el ex presidente incumpliendo la ley, ha sido un gancho excelente que ha captado, sin duda, el interés del público, suscitando, a buen seguro, todo tipo de opiniones. 

La revista Vanitatis, por ejemplo, titulaba en su edición digital "Aznar y sus perros desafían la ley de playas marbellí". El diario El Mundo señalaba "Aznar se salta las normas en Marbella". Dos medios de corte muy distinto coincidían en el incumplimiento manifiesto por parte del ex presidente, desafiando la ordenanza municipal. 

La noticia adquirió mayor repercusión tras la denuncia que realizó el Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento, que contribuyó a que el asunto creciera, aprovechando el amplio rechazo que suscita el ex mandatario en un amplio sector de la población afín a la ideología de izquierdas. "El PSOE de Marbella denunciará a Aznar por pasear por la playa con tres perros", titulaba el diario El País. 

Al margen del evidente oportunismo político, propio de la batalla habitual entre partidos, algo que no debe sorpender a nadie, el tema merece otras reflexiones, más allá de la refriega constante que cada vez cansa más a los ciudadanos. 

Lo primero que se le puede pasar a alguien por la cabeza al saber de este asunto, afinando mucho, es cierto, pero al menos a mí me ocurrió, puede ser aquella foto de Aznar con los pies encima de la mesa junto a George Bush. Partiendo de aquella base, o de otras que casi mejor no recordar, no me causó extrañeza ver las fotos de los perros sueltos por la playa, no sé por qué será.

De todas formas, es evidente, o al menos tendría que serlo, que quien ocupó un cargo institucional tan importante en España debería ser un firme cumplidor de la ley y no infringirla, aunque sea en algo tan banal como este asunto, calificado de falta leve por la normativa, pese a que las multas pueden alcanzar los 500 euros, un dineral para muchos bolsillos en estos tiempos.

Desde este punto de vista, no es un buen ejemplo que alguien como Aznar se salte a la torera una ordenanza que todos debemos acatar. Pero además del aspecto moral, hay otro colateral, tangible, como es la multa que acarrera este comportamiento, aunque en el Ayuntamiento ya se apresuraron a anunciar que no va a existir. Nadie esperaba lo contrario, faltaría más, pero aquí entramos en terreno pantanoso por el agravio comparativo y la doble vara de medir de quien debe aplicar la norma y seguro que lo ha hecho con otros vecinos menos afortunados. 

En temas de Justicia, que dicen son igual para todos, no cabe debate, aunque, por ejemplo, sí lo ha hecho el diario La Vanguardia, solicitando opinión a sus lectores de internet, a través de una encuesta, sobre si se debería sancionar a Aznar. El resultado, fue claro, ya que ganó el "sí" con un 88% de los votos.

Y del censurable comportamiento del ex presidente, pasamos al que ha tenido el Ayuntamiento y el concejal de Medio Ambiente, a quienes, como cargos públicos, no políticos, sí cabe exigirles que velen por los intereses de todos los ciudadanos. 

La intervención de Antonio Espada en el pleno del pasado lunes no pudo ser más desafortunada. No era de esperar, sería de ilusos, que anunciara una multa al que es presidente de honor de su partido, pero sí habría sido más sano disimular un poco y no utilizar ciertos argumentos, que solo contribuyen a empeorar lo ocurrido.

Chocante, por llamarlo de alguna manera suave, fue el momento en el que reconoció que, efectivamente, el comportamiento de Aznar no estaba permitido por las ordenanzas, para después justificar que había mucha gente que hacía lo mismo y a la que desde el PSOE no denunciaban. 

Resulta paradógico que un concejal, en un foro de la supuesta importancia que tiene un pleno, pueda justificar un mal comportamiento a través de su generalización. No es, tampoco, un buen ejemplo por parte de un servidor público. Fue más aceptable, quizá, cuando habló de que la denuncia no es válida ya que no la ha puesto el Seprona o la Policía Local, o que se va a cambiar la ordenanza para permitir llevar los perros a la playa. 

Y es que al final, de todo este tema, insignificante en la forma, pero más complejo en el fondo, lo que le puede quedar a mucha gente son actitudes caciquiles, las del señorito que campa a sus anchas por el cortijo en pleno siglo XXI. Mal ejemplo por parte de todos en un momento en el que los políticos gozan de pocas simpatías. Y mal precedente, porque ahora todos los propietarios de perros del municipio podrían hacer lo mismo. ¿Los multarían?

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