El tripartito y los rascacielos

16/12/2013
Nos dejó el pasado pleno del Ayuntamiento, el último ordinario de este año, un par de detalles destacados que están dando mucho juego o lo van a dar. El primero, la aberración urbanística de lo que el Equipo del Gobierno llama eufemísticamente "edificios singulares" o lo que todo el mundo entiende por rascacielos o torres. Pero también durante la sesión, llamó la atención que desde la bancada del PP se referían constantemente a la oposición como el "tripartito", ya en clave electoral. Y, mientras, se nos acaba el año sin puerto de La Bajadilla ni el aparcamiento en el Francisco Norte, por citar dos de nuestros particulares "Eurovegas", que hay más. 

Hace algunos meses, antes del verano, escribí en este mismo blog un artículo en el que planteaba la posibilidad de que en Marbella, tras las próximas elecciones, se formase un tripartito de gobierno con PSOE, IU y OSP. La existencia de un sondeo realizado por un importante colectivo local apuntaría hacia esa hipótesis. La encuesta nadie la ha visto, pero como las meigas, dicen que haberla, hayla. 

En la oposición llevan tiempo frotándose las manos ante esa posibilidad, mientras en el Equipo de Gobierno preparan, claro, su defensa, porque no va a ser fácil que dejen escapar el mando del municipio. Y una de sus primeras medidas fue hablar en el pasado pleno de tripartito al referirse a la oposición. Sorprendieron esas alusiones constantes, para nada improvisadas y que obedecen, lógicamente, a una estrategia que, por el momento, se me escapa.

Y el mismo día que aceptaban públicamente que existe un triunvirato, ahora en la oposición, pero que les puede hacer sombra en las próximas elecciones, ellos mismos se metían una china más en el zapato en el camino hacia los propios comicios. 

Cuesta entender, si realmente existe esa situación de incertidumbre electoral que podría cambiar el rumbo del Ayuntamiento, que el Equipo de Gobierno se empecine en sacar adelante un proyecto, el de los rascacielos, que no gusta a nadie. Podría parecer hasta que se hacen el "harakiri". 

El tema es muy peliaguado, en primer lugar porque arranca desde la enésima modificación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), un documento cuyo valor está cada vez más en entredicho. Resulta evidente que está siendo devorado por el urbanismo a la carta similar al que utilizó Gil, aunque en una versión más "light", pero igualmente dañina. 

El grupo municipal de Opción Sampedreña ha contabilizado que desde su aprobación, en 2010, el PGOU ha sufrido 223 modificaciones, una cifra escandalosa y que nos lleva a preguntarnos para qué sirve este documento en manos del actual Gobierno local, que lo cambia a su antojo. 

A partir de ahí, la posibilidad de construir torres en Marbella no ha gustado a nadie. Serían cinco, pero no podemos olvidar que ya tenemos algunas, tipo hotel Don Carlos, otra en Río Real, de la que se cuentan muchas anécdotas y que dicen no le gustó nada al dictador Franco, o la de Nueva Andalucía. 

No hacen falta más, está claro, ese no es el modelo de Marbella. Cinco rascacielos, demagogias al margen, no convertirán al municipio en Benidorm, es evidente, pero basta uno, como la aberración que se ha hecho en Sevilla con la llamada Torre Cajasol, en la isla de la Cartuja, con 187 metros de altura y 40 pisos, para romper la estética y el modelo urbanístico. 

El impacto visual que se ha generado en la capital hispalense, dominada hasta ahora por La Giralda, es evidente y quizá sea bueno recordarlo en estos momentos como un ejemplo muy cercano de lo que no queremos para Marbella, donde algunos pretenden volver al modelo del ladrillo, el que nos ha llevado a la crisis en la que ahora estamos.

Hace casi un par de meses entrevistamos al nuevo coordinador local de Izquierda Unida, Miguel Díaz, y apostaba por un futuro para Marbella sin mayorías absolutas después de 22 años. Quería "poner fin a la era GIL", en clara alusión a que muchos compartamientos se mantienen, especialmente los urbanísticos.

Por ello, más que construir rascacielos, este municipio lo que necesita es pasar factura a los constructores que se aprovecharon de aquella época. De 16.500 viviendas regularizables a través del nuevo PGOU, solo se han legalizado con el sistema de compensaciones unas mil. Queda por tanto, muchísimo por hacer. 

Y mientras tanto, se nos termina el año con muchos otros proyectos empatanados, nuestros particulares "Eurovegas". Ahí sigue sin arrancar la ampliación de La Bajadilla, el aparcamiento del Francisco Norte con un polideportivo encima, la residencia del Trapiche o la piscina de Miraflores, por citar solo algunos de esos que se vendieron a bombo y platillo.  

Hay quien piensa que todas estas obras se están retrasando a posta para hacerlas concluir muy cerca de las próximas elecciones y utilizarlas para neutralizar al citado tripartito. Sería muy grave jugar de esa forma con los ciudadanos, aunque tendremos tiempo de comprobarlo. 

Y termino, no sin una última reflexión sobre el desmantelamiento de los servicios sociales públicos, tanto a nivel nacional como local. Mientras el presidente del Gobierno celebra un crecimiento del 0,1%, cada día hay más gente buscando en los contenedores de basura.

En Marbella, digno de elogio es el trabajo de las ONGs, recibiendo la caridad de los ciudadanos, mientras en la inexistente Delegación de Bienestar Social se vive de la propaganda. Así nos va.

Feliz 2014 a todos.

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