El PP toca fondo en Marbella

18/12/2014
No corren buenos tiempos, sin duda los peores de su historia, para el Partido Popular en España. Ahogado por la corrupción, aquel tsunami que cubrió todo el país de azul en las últimas elecciones, cargado de esperanza para muchos ciudadanos, se ha tornado en la más profunda decepción pese a sus campañas de propaganda. En Marbella, la marca PP también está tocando fondo, víctima de sus propios errores y de su forma de gobernar. La imputación del concejal de Urbanismo ha sido la puntilla, y quizá no sea la última.  

En la línea de lo que le está ocurriendo al partido a nivel nacional, el PP de Marbella camina hacia el precipicio. Lo que en 2007 fue un proyecto ilusionante, que se autodefinió como "la solución para Marbella", continúa la cuesta abajo que ya inició en 2011, perdiendo un concejal cuando, no lo olvidemos, el viento era más favorable que nunca en toda España para la formación conservadora.

En muy poco tiempo, el partido ha sufrido un gran desgaste en Marbella, que contrasta con el fuerte asentamiento que tiene en municipios cercanos como Fuengirola o Torremolinos. El ayuntamiento venía de una etapa difícil, marcada por la corrupción, y necesitaba un cambio para olvidar aquella época. Pero, con el paso de los años, son muchos los que no perciben excesivas variantes y sí una continuidad que algunos denominan neogilismo.

Las encuestas auguran la pérdida de la mayoría absoluta de Ángeles Muñoz y tanto ella como su equipo lo saben aunque, lógicamente, confían en darle la vuelta a la tortilla, de lo contrario no se presentaría a la reelección. Se ven con tiempo por delante, más de medio año, y están ya poniendo toda la carne en el asador desde el pasado mes de septiembre.

Hay muchos intereses en juego y su plan para no perder el sillón está muy claro. Por un lado, se lo van a jugar a la carta de las obras terminadas, muchas de ellas retrasadas para poderlas concluir antes de las elecciones. Por otro, apuestan por recrudecer la campaña del frentismo contra la Junta, haciéndola culpable de todo lo que funciona mal en el municipio, todo un clásico del GIL.

A estos ingredientes esenciales se le añadirán churros, bizcochos, chocolate y paellas, como ya hicieron especialmente en la campaña de 2007, además de becas para licenciados en paro y de calles, rotondas y homenajes y placas para todo el mundo, hasta ciudadanos honorarios si hace falta. Volverán a mover resortes muy parecidos a los que utilizó el gilismo en una estrategia que veremos si continúa funcionando.

El carrusel de inauguraciones ya ha comenzado, aprovechando la previa de las navidades. Con importante parafernalia y gañote para los asistentes se inauguró la remodelación de la calle Notario Luis Oliver, presumiendo del cambio de imagen de esta vía que a muchos no convence, ya sin entrar en la tala de árboles y las denuncias de favoritismo a la empresa que gestiona el aparcamiento.

Después le llegó el turno al bulevar de San Pedro Alcántara, gran proyecto sobre el que quieren sustentar su actuación en esta zona del municipio. Allí ya se anunció que después vendrá el Trapiche del Guadaiza. Y, en Marbella, la piscina de Miraflores, que lleva siete años esperando, que estaba concluida en 2012 y que aún hoy siguen intentando vender como un logro para 2015.

Son algunas de las obras cuya finalización está prevista para los meses previos a las elecciones, junto a otras de menor calado, aceras, parques, bordillos, etc., todo vale al final de la legislatura. Eso sí, lo que no van a poder inaugurar es el Puerto de La Bajadilla, para el que ya se ofreció trabajo en la campaña de 2011.

Todo está bien planeado, seguro que así lo piensan, para intentar compensar el descontento generalizado. Pero van a tener que hacer mucho esfuerzo para tapar la falta de transparencia en el Ayuntamiento, ni siquiera con medidas populistas como invitar a la oposición a las mesas de contratación, algo que ya podían hacer, ni anunciando una web nueva que nada aporta, mientras el Defensor del Pueblo Andaluz lleva meses esperando la documentación sobre la terminal de San Pedro.

También será difícil sacar de la memoria de mucha gente el proyecto de los rascacielos con el que quisieron poner patas arriba Marbella y que solo paró la presión popular, mucha de ella de personas muy afines al PP y, sobre todo, la de algunas ilustres como la familia Hohenlohe o la propia Duquesa de Alba.

Complicado también convencer a los miles de parados del municipio y a esas familias que pasan hambre mientras ven cómo en las obras que contrata el Ayuntamiento hay empleados de otros lugares y que en el Plan de Empleo Joven se da trabajo a 62 personas de fuera.

O aquella inversión en Luxemburgo reconociendo que se hacía para eludir el impuesto de sucesiones en Andalucía, o los sobresueldos y la sombra da la trama Gürtel. O por qué se construye una estación de autobuses frente a un colegio, o por qué se inundan las calles en cuanto llueve con algo de intensidad.

La inversión en churros y chocolate, ¡será por dinero!, va a tener que ser muy fuerte para convencer a los ciudadanos de que no se han cobrado las compensaciones urbanísticas tras los años de la corrupción, o por qué se sigue haciendo urbanismo a la carta con constantes modificaciones del Plan General.

Pero, sobre todo, donde tienen una importante china en el zapato, que se va a convertir en un pedrusco, es con la imputación del concejal Pablo Moro. Feo asunto, que pinta bastante mal para él, con rotundas evidencias de que no se paralizaron unas obras ilegales, y que, sin duda, va a dejar la primera baja en la futura lista electoral del PP, de lo que se alegrarán otros. Aunque siempre queda el recurso de cargarse al juez.

Ni siquiera les va a servir tampoco bajarse al fango, como ya han hecho desde la sombra, e intentar salpicar a otros candidatos, ni utilizar el argumento del miedo, anunciando la debacle que se cierne sobre el municipio si queda en otras manos distintas a las suyas.

Una posible coalición de gobierno, veremos con cuántos partidos, es lo que se dibuja en el horizonte y que puede servir para dar un giro completo a Marbella y terminar, de una vez por todas, con las prácticas gilistas. Urge que las paredes del Ayuntamiento sean de cristal, sobre todo las de la delegación de Urbanismo, sede de tantos escándalos y que en estas dos últimas legislaturas del PP continúa desprendiendo un olor nauseabundo.

Marbella se merece algo distinto, después de tantos y tantos años, y es el momento de conseguirlo. La encuestas lo pronostican, pero la verdad la tendrán los ciudadanos en las urnas el próximo 24 de mayo.  

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