El PP se hace el harakiri con la foto de la vergüenza

06/04/2015
Quizá consciente ya de una manera clara de lo que va a ocurrir el próximo 24 de mayo, el PP se hizo el harakiri el pasado miércoles participando en la foto que ha avergonzado a Marbella con un concejal del Equipo de Gobierno dando su bendición a la nueva oficina de la inmobiliaria de Jesús Gil Marín. Ha sido una Semana Santa "horribilis", de auténtica Pasión para el partido, que ha vuelto a ver, además, cómo la sombra de la Gürtel planeaba sobre el municipio. 

Resulta ciertamente curioso y, quizá, difícil de explicar, cómo a menos de dos meses de las próximas elecciones municipales el Ayuntamiento de Marbella participa en un acto de uno de los herederos del que fuera alcalde, Jesús Gil, su hijo del mismo nombre, persona que debe pagar, junto a sus hermanos, más de 100 millones de euros a las arcas municipales.

Hay que dar por hecho que el PP no suele dar puntada sin hilo, por lo que no cabe pensar en un error, un descuido o una torpeza, como podría desprenderse de un análisis superficial o inocente. Si hubo varios concejales arropando al empresario, fue por algo, evidentemente más importante que el coste electoral que puede suponer esa fotografía de la vergüenza.

Pese a las malas previsiones en Marbella, confirmadas con un pésimo resultado en las pasadas autonómicas, puesto sobre una balanza, el motivo de acompañar a Gil Marín debe pesar mucho más que el rechazo y la indignación generalizada que ha supuesto la presencia del Ayuntamiento en esa inauguración, mostrando de forma pública complicidad con el pasado más oscuro del municipio.

Da la sensación de que estamos ante un Equipo de Gobierno agotado, en fase terminal, al que parece darle igual todo, hasta que le penalice esa imagen, ya que resulta evidente que es mejor dejar bien atados algunos asuntos antes de decir adiós.

No olvidemos que el Ayuntamiento sigue sin cobrar la factura de la corrupción a la mayoría de constructores cuyas viviendas se han legalizado. Si a esa condescendencia le añadimos esta inauguración y que, por ejemplo, no se quisiera recurrir la sentencia del Malaya, sale un cóctel explosivo. 

Es difícil encontrar los motivos de este comportamiento, al igual que el de otros que hemos visto durante la legislatura. ¿Qué intereses había detrás del proyecto de los rascacielos? ¿O cuáles en construir una terminal de autobuses, que servirá solo para cuatro años, frente a un colegio?

¿Por qué se quieren regalar 170.000 metros cuadrados al municipio vecino de Benahavís, o proyectar junto a un centro escolar un crematorio? ¿Por qué no se pararon las obras de un club de playa construido de forma ilegal? En estos y otros tantos temas surgen las incógnitas, cuesta ver el beneficio común, lo que nos lleva a pensar en el particular.

Y en esos intereses oscuros, que se nos escapan, o quizá no tanto, debe estar la explicación. De otra manera es difícil de entender que la alcaldesa envíe al concejal de Comercio a rendir pleitesía a la misma persona a la que en abril de 2013 presumía públicamente de haberle embargado propiedades para que pagara, con el resto de herederos, el dinero fijado en una sentencia del Tribunal de Cuentas. A la misma persona que, desde entonces, no ha abonado nada, buscando resquicios legales, obviamente defendiendo lo suyo.

Que en el acto estuvieran otras fuerzas vivas de la ciudad, también rechina, pero allá cada cual con sus intereses privados. Lo que no es admisible es la presencia del Ayuntamiento que fue esquilmado ni la de concejales que deben defender a todos los ciudadanos. ¿Le pidió José Eduardo Díaz a Jesús Gil Marín que pagara lo que debe al municipio? Parece evidente que no por la irritante sonrisa de ambos en la foto. Para qué le iba a molestar.

Pero no ha sido el único sobresalto que ha tenido el PP esta Semana Santa, de Pasión, porque, un día antes de la célebre foto en Puerto Banús, se conocía que el juez Ruz llamaba a declarar como imputado al que fuera director de Radio Televisión Marbella por su presunta implicación, años antes, en la trama Gürtel.

De nuevo la alargada sombra de la red corrupta vuelve a aparecer sobre Marbella, donde aún no se ha arrojado suficiente luz sobre aquel célebre mitin el 26 de noviembre de 2002 con José María Aznar arropando a Ángeles Muñoz.

Ahora, se ha implicado a Isidro Cuberos, que fuera director de la televisión pública entre 2009 y 2011, al que el juez le acusa de actividades ilícitas que habría cometido en 2004, es decir, varios años antes de llegar a Marbella.

Mala semana, sin duda, para el PP, a poco ya de las elecciones municipales en las que pintan bastos, por más que de aquí al 24 de mayo se lancen a un ataque desesperado contra sus rivales y otro para intentar recuperar a los ciudadanos. Difícil lo tienen, o imposible, por más diplomas que sigan repartiendo. 

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