Estela Plateada: "No confundas la compasión con la debilidad"

29/09/2016
Confío en que sabré desarrollar en las próximas líneas, e pensamiento que me llevó a elegir este súper héroe (de cuya existencia tuve conocimiento como otras tantas cosas, gracias a la fuente de conocimientos que es mi amigo Francisco Javier Sánchez Cantos “Chico”), para titular esta nueva entrega de “La honradez intelectual”; así, ustedes (lectores que tengan a bien leerlo), lleguen a la misma conclusión que Estela Plateada cuando reconvino a la Antorcha Humana en los siguientes términos: “No confundas la compasión con la debilidad”. 

Porque intuyo que ese es el error que cometen todos aquellos que encuentran en las redes sociales el refugio, embajada y barrera en la que se cobijan para evitar el cara a cara con los destinatarios de sus mensajes crispados, que no son sino la expresión de sus frustraciones, y el fruto de su mediocridad e incapacidad para asumir los errores cometidos; en lugar de eso siempre es más fácil responsabilizar a otros, eso sí, arrojando la piedra y escondiendo la mano.

Todos unos valientes, eso sí, “de mando a distancia”, que se escudan en el Facebook, Twitter y demás medios que cada día ganan más adeptos y que lejos de fomentar la comunicación nos están convirtiendo en náufragos, habitantes de islas separadas y aisladas por miles de kilómetros, aun estando sentados en la misma mesa (¿quién no ha presenciado una cena familiar en la que padres e hijos están abducidos por sus móviles, mientras que simultáneamente interactúan con sus terminales?).

Las víctimas de estos exabruptos sólo tienen dos opciones: 1) “entrar al trapo” y replicarles; grave error, porque supone bajar al barro, terreno en el que ellos se desenvuelven como pez en el agua, y eso es precisamente lo que persiguen; 2) eludir el cuerpo a cuerpo, contar hasta cien y continuar la vida, tratando que no te afecte, pese a que este comentario malintencionado, hiriente e incluso a veces injurioso, lo han leído toda la caterva de seguidores y amigos que el susodicho “valiente de mando a distancia” tiene en Facebook o Twitter; ¿cuántas veces no os habrán dicho eso de que “no ofende el que quiere sino el que puede”? Ya, pero jo…, digo fastidia.

Yo, que muy a mi pesar tengo cuenta de Facebook y Twitter (ojalá fuese capaz de salir de ese mundo) y soy blanco de esta moda, opto claramente por la vía de la ignorancia y en consecuencia no doy réplica que sea excusa del comienzo de una batalla dialéctica, en un campo cuyos límites son infinitos y en el que las armas son muy desiguales: la descalificación y la indignidad frente al respecto y la nobleza. Prefiero ser “dueño de mi silencio” que no “esclavo de mis palabras”.

Eso sí, valientes del “mando a distancia”, el silencio no equivale a la conformidad, o como dijo Estela Plateada a la Antorcha Humana “No confundas la compasión con la debilidad”.
Fernando Moreno
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