Una de piratas

27/07/2016
Valga este artículo para expresar mi más sincera enhorabuena al conjunto arqueológico de los Dólmenes de Antequera por su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Algo que no será casualidad sino el resultado de una ardua gestión e investigación y, por supuesto, de los méritos propios de los monumentos megalíticos. 

Una gran noticia que los andaluces deberíamos celebrar. Supone añadir un motivo más para visitar nuestra tierra y visibilizar nuestro patrimonio. Ahí lleva miles de años pero ha bastado su designación para que un día después de la aprobación se triplicara la afluencia habitual hasta llegar a los 821 visitantes.

Todo parece indicar que el conocimiento hace el cariño, no digamos el re-conocimiento. Ahora hace falta que se acompañe de un mayor cariño político y presupuestario para que esté a la altura del nombramiento.

Desafortunadamente no solo la declaración de su importancia como patrimonio los recupera, ahí tenemos muchos monumentos declarados Bienes de Interés Cultural (BIC) y abandonados a su suerte, aunque es peor el que estén sometidos al olvido social como diría Eduardo Asenjo Rubio, profesor de historia del arte

Para luchar contra ese desconocimiento, las asociaciones y las administraciones debemos dar a conocer a la ciudadanía ese patrimonio para que ellos sean sus principales valedores y aparezca en sus mapas perceptivos.

Hablando de percepción el otro día estuve junto a mi amigo David Bailón, coautor junto a mí del libro ilustrado, en una academia de inglés, una de las empresas mecenas del libro y traductores del mismo. Fue para impartir un taller para niños donde pretendíamos enseñarles algo de la historia de Marbella. Para conectar con ellos y nuestra historia les hablamos de piratas y corsarios. Ninguno se imaginaba que los piratas hubieran llegado a Marbella y que las torres vigías, antes invisibles para ellos, en esos mapas perceptivos, servían para vigilar nuestra costa y alertar a la población de los posibles ataques.

Les hablamos sobre las diferentes tipologías de torres (vigías y defensivas), el escudo de Marbella y la desaparecida Torre del Mar, de cómo funcionaban, de sus diferentes orígenes, de quiénes eran los piratas que frecuentaban estos mares y nuestros más famosos corsarios, sobre el fuerte San Luis y otras cuestiones para despertar su interés. Al despedirnos tuve la impresión de que nuestras torres vigías iban a irrumpir en sus mentes con una nueva mirada.



El conocimiento de la historia de tu ciudad es algo sorprendente porque provoca una especie de despertar de la consciencia. Que valores la ciudad no tanto por lo que es, sino por lo que fue. Y Marbella ha sido muchas cosas.

Si queremos comprender lo que significan las torres como sistema de protección hay que pensar en el Mediterráneo como nexo con ese patrimonio costero y retroceder en el tiempo al siglo XVI donde existían dos civilizaciones que se disputaban de forma estratégica ese mar para el transporte y el comercio marítimo: el mediterráneo cristiano y el imperio otomano. Este último tendrá absoluta supremacía en el Mediterráneo gracias a su gran ejército y su flota de galeras y, cómo no, a los corsarios otomanos y berberiscos, pertenecientes estos últimos a una antigua región norteafricana denominada Berbería que hoy comprende parte de Marruecos, Argelia y Túnez, y que serían sus aliados en dominar esta parte del mundo.

Hasta la batalla de Lepanto en 1571, que marca un punto de inflexión en la hegemonía islámica del mediterráneo, las costas cristianas estuvieron sometidas a cruentos saqueos por parte los corsarios y piratas berberiscos que desembarcando en ellas saqueaban los pueblos.

Es en este contexto de continuas escaramuzas e incursiones piratas en nuestras costas donde el rey Carlos I ideó un sistema defensivo de torres vigías aunque es su hijo Felipe II quien manda ejecutar la mayoría de ellas.

Es el tiempo de corsarios como Barbarroja, Dragut o Kemal Reis que fueron un verdadero azote para el Mediterráneo español. El mismo Miguel de Cervantes después de luchar en la batalla de Náupaktos (más conocida como Lepanto) es apresado por una flotilla berberisca cerca de Cadaqués, en la costa Brava y permanecerá apresado en Argel durante cinco años. En esa batalla famosa naval participó un marbellero, el capitán Andrés Becerra. Luis de Góngora recoge en un romance denominado «Amarrado al duro banco» el trance de un cautivo español en una galera pirata frente a las costas de Marbella:

Amarrado al duro banco
de una galera turquesca,
ambas manos en el remo
y ambos ojos en la tierra,
un forzado de Dragut
en la playa de Marbella
se quejaba al ronco son
del remo y de la cadena:
«Oh sagrado mar de España,
famosa playa serena,
teatro donde se han hecho
cien mil navales tragedias:
pues eres tú el mismo mar
que con tus crecientes besas
las murallas de mi patria,
coronadas y soberbias,
tráeme nuevas de mi esposa,
y dime si han sido ciertas
las lágrimas y suspiros
que me dice por sus letras…

De Barbarroja y Dragut no existen evidencias de que desembarcaran en Marbella pero quién sabe si alguna de nuestra torres vigías llegó a divisar sus galeras. Del que sí hay constancia es de Kemal Reis. Se sabe que atacó nuestra ciudad al igual que Estepona.

Profundizar en la historia de las torres vigías me ha permitido conocer mejor ese mundo de piratas y corsarios. Encontrarme con la estirpe de Barbarroja, cuatro hermanos nacidos en la isla de Lesbos que primero fueron comerciantes, gente instruida para su época que dominaban hasta cinco idiomas fundamentales para el comercio, que pronto abandonaron para convertirse en piratas y corsarios del imperio otomano.

Primero Aruj, al que denominaron como Barbarroja, apelativo que le dieron los italianos confundiendo el apodo de «Baba Aruj o Papa Aruj» por Barbarrossa, creyendo que era así llamado por su barba pelirroja cuando el sobrenombre provenía de sus acciones humanitarias al ayudar a escapar a los mudéjares perseguidos en España.

No fue el hermano más famoso. Cuando España decidió erradicar su poder con una expedición de más de 100.000 soldados españoles y unos 7.000 bereberes, comandados por el Gobernador de Orán, Diego Fernández de Córdoba, eliminaron a Aruj y a su otro hermano Ishag en una dura batalla en la ciudad de Tremecen junto a muchos más corsarios. Los españoles creyeron que después de este éxito contra los corsarios era su fin. No contaban con el último de los hermanos, Jeiredin o Jayr al Din, que recuperó con más fuerza el poder de su hermano y su apodo, Barbarroja

También he encontrado fascinante la figura de Amaro Pargo aunque no frecuentara estos mares. Uno de nuestros más famosos corsarios en las Indias Occidentales, cuya vida fue mejor estudiada gracias a la cuarta entrega de la saga con el título Assassin's Creed IV: Black Flag, el videojuego de piratas donde Amaro Pargo era el protagonista principal. Gracias a la empresa de videojuegos se pagó a un equipo de antropólogos que en 2013 exhumó sus restos para investigar a este corsario canario, que accedió a la nobleza con el título de «señor de soga y cuchillo» y amasó una gran fortuna. Fue viticultor en su isla natal, con un vino a base de uvas malvasía que el mismo Shakespeare mencionó como un «perfume para la sangre».

Espero que estas pinceladas sobre nuestro antiguo sistema de protección costero ayuden a contemplar con otra mirada esas torres para que pasen de ser testigos mudos e invisibles a verdaderos protagonistas de una historia que resulta apasionante y más cercana de lo que pensábamos, de epopeyas repletas de galeras y rudos piratas, de torres y cautivos y de un mar azul tan calmo como fiero.
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